Sunday, May 18, 2008

Just Like Heaven

Llegar hasta el estadio nos tomó casi dos horas. Durante el día el objetivo era la coordinación de cómo llegar hasta el estadio. Somos tres – Lola, una amiga española, y Martha una chica uruguaya a quien había visto una vez hace un año y pico, amiga de un amigo - .La cosa nos costó llamadas varias, era la emoción. Martha me pregunta que como nos reconocemos, y es verdad que yo no me acuerdo de su cara… ‘Yo soy la que voy de camperita goth y uñas negras’, le digo. Es el baile de disfraces de cada día después de todo, y esto es el recital de The Cure, hay que ir ambientado. Después pienso que justo ese día, alguien con esas indicaciones es fácil de confundir, que seguro no soy la única de uñas y cazadora negras. Por lo cual aclaro, que lo mío es superficial, que no voy de labios negros ni nada de eso, no sea cosa que la chiquilina termine por ahí con vaya uno a saber quién.

La parada del metro en que íbamos a encontrarnos estaba en construcción, la línea azul nunca me ha dado una alegría en la vida. Finalmente y a pesar de todo llegamos a la parada del bus y nos reconocemos sin problema. Es fácil ver cuando alguien mira en busca de alguien que no esta del todo seguro quien es. La gente ya se acumulaba para tomar el 222 directo al estadio, había de todo, gente de todas las edades y estilos.

Si bien sabíamos que los tickets que teníamos eran en el sector más lejano del estadio, cuando llegamos a nuestro lugar no pudimos evitar reírnos, la cosa era prácticamente la última fila de asientos, en la última de las tribunas. Yo me había olvidado de los lentes así que el escenario era algo que más o menos me imaginaba que estaba bien. Decidimos ser fieles a la cultura que nos vio nacer y nos sentamos en la primera fila de nuestra tribuna, mientras comentábamos de que vacío que está abajo, mirá cuanto lugar, que desperdicio. Desde esos asientos ya la cosa se veía mejor claro, pero viendo tanto espacio libre… y a la entrada a nuestro sector ni nos habían pedido los tickets… así que yo propongo bajar y ver si logramos estar ahí en la cancha, donde en los conciertos en nuestros países se da el agite. Caras de duda, todas queremos bajar pero ninguna lidera. Y yo no es que sea líder nata pero si nadie toma el puesto, a lo mejor por sacrificada, allá voy. Así que les digo ‘chicas, nuestro asiento está en la sección 110, fila D, numero 3’, mentalícenlo. En la vida real estábamos en el 216, fila O. La última. Me siento como el gurí de “El Cliente”, o sea, esto lo vi en una película y por lo tanto se hace así. Yo todo lo que se de ingeniería social lo aprendí en Hackers II.

Monitoreamos las posibles puertas para entrar… resulta que ahí sí miran los tickets –claro, en nuestro sector no se cuela nadie por lo cual el guardia de seguridad es más un ‘greeter’ que otra cosa. El plan era “fila D, numero 3, el ticket lo tiene Paul que ahí nos espera, pero es que salimos a buscar una cerveza”. La cosa no es decirlo sin que nadie pregunte, solo creer que es verdad. Las miro y con mirada de allá vamos me largo hacia la puerta. Los guardias de seguridad hablaban entre ellos. Mientras el de mi lado comienza a levantar la cabeza como para pedirme el ticket yo lo miro, le sonrio, palmadita en el hombro mientras le digo permisooooo y me mando para adentro. Sigo para abajo como que aquí no ha pasado nada hasta llegar a la masa de gente en donde me doy vuelta para ver que paso con las demás. Martha venia atrás mío muerta de risa, me dice yo pasé atrás tuyo sin decir ni mú porque el hombre no llegó a reaccionar. Pero Lola ya lo miró a los ojos y no se creyó que Paul nos esperaba en la fila D y no entró. Lo cierto es que finalmente se animó por otra puerta. Y que finalmente vino un amigo de seguridad a pedirnos el ticket. Yo le digo al hombre que “que desperdicio tantos asientos vacios bla bla bla” y cuando finalmente me paro para irme el tipo me pregunta sorprendiendo “ah! Pero vos también sos de las coladas?!” jeje, se ve que Hackers II me ha enseñado bien. Vuelta al 216.

La ilusión de la cancha, olvidada. A todo esto sonaban los teloneros que no entendí su nombre pero eran muy buenos. Volvemos a nuestro estratégico punto desde el que podemos ver panoramicamente todo el estadio. La gente seguía llegando. The Cure se demoraba, ya eran como las 8:30 y la cosa no arrancaba pero al menos el estadio estaba ya casi lleno y si nos hubiéramos quedado abajo seguro que hubiera sido complicado saber dónde meternos, menos mal que tuvimos que subir (como dice el señor de Stumbling on Happiness). Lo bueno de la fila O es que atrás esta el balconcito, con lo cual yo me digo que es imposible mirar el concierto sentados comiendo pop-corn como parece hacer todo personaje de este país, ya sea que mire una película, algo de deportes o a The Cure. Así que me posiciono en la barra, yo la vergüenza de esas cosas la perdí hace mucho, puedo ser la única que baila ahí, pero sentada no me quedo.

El concierto duró casi 3 horas. Tocaron todos los temas que uno podía imaginarse y más. Luces e imágenes impresionantes (al menos a esa distancia!). En la barra donde estábamos se armó fiesta, al principio estaba yo ahí sola bailando. Cuando ya empezó a sonar Pictures of You Lola se unió también, que después de todo está oscuro y todo el mundo mira hacia adelante, nadie nos ve, o sea, vergüenza de qué? Luego vino una spring-breaker (dícese de americana en sus últimos teens o jóvenes 20, que se cree una liberada, toma un poco de alcohol y que no te vea tu padre m’ijita!) que con la excusa de que le daba no-se-que de que estuviera yo bailando ahí sola vino a hacerme apoyo moral o a vivir su sueño de ser go-go en una disco de baja reputación ;). Al rato y no sé de donde nuestro rincón se iba llenando de gente. Ahora, todos ellos unos personajes…. Uno quizá debería pensar eso de dime donde andas y te diré quién eres, quizá uno es un personaje también de algún modo ;) –. Al rato incluso cayó la policía a circular por ahí, que generalmente la gente que está en el fondo igual algo tendrá que ocultar parece ;) – pero por suerte todo en orden y ningún problema.

Nosotras seguimos bailando, los amigos de The Cure no habían estudiado el tema de la curva del fogón así que después que arrancaron con la seguidilla de hits la cosa no paró. Yo pensaba, en el entretiempo me voy a tomar algo que voy a deshidratarme! Y los pies me van a reventar… pero los amigos, que igual andan ya por sus 50, no pararon y no hubo entretiempo y nosotras no íbamos a ser menos. Lola sostenía que en algunos de los bises habían venido los The Cure II, y que en definitiva los verdaderos estaban en camilla por allá atrás. Yo suscribo a la teoría de los clones.

Lo cierto es que estuvo espectacular. Terminamos con Boys don’t cry y Killing an Arab. Buenísimo. Sin palabras. A la fiesta ‘After the Cure Party’ ya no llegamos. Habíamos salido a las 5 hacia el concierto y eran casi las 12:00 cuando estábamos llegando a la parada del metro desde la que seguíamos en taxi a nuestras respectivas casas. Yo no podía caminar un paso ya, bailar menos. Un bol de agua caliente para los pies y un canelón en el acolchado fueron una llamada más poderosa que cualquier otra alternativa. La noche ya había rendido lo suyo, ahora con la alegría de unos de esos conciertos que vas a recordar, lo único que importaba era irse a dormir prontito.. ah! Y comer algo! Que en la emoción del día solo había atinado a comer un pancho en el estadio!

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