Monday, June 2, 2008

Reivindicación de Silvio

Resulta ser que unos cuantos años atrás, cuando uno era más joven e idealista y Silvio Rodriguez era emblema de tantas cosas, vocero de la nueva trova, poeta de la revolución y cuantos títulos te gustara ponerle, escribió él una canción que se llamaba algo así como la parábola de los tres hermanos, o quizá era la fabula de los tres hermanos. Lo cierto es que dado el formato se esperaba un cuento con moraleja, es decir, alguna gran verdad de la vida. Tipo los tres chanchitos y que no se te ocurra construir casas de paja.

La historia de estos tres hermanos venía más o menos así: Resulta que el hermano mayor decide que para que le vaya bien en el camino de la vida iba a mirar siempre adelante, cosa de tener claro hacia donde iba y lo que se le venía (un poco como cuando vas manejando). Resultado del hermano mayor: se tropieza con las piedras del camino y se rompe la ñata sin llegar a la meta.
El hermano siguiente aprendiendo de los errores del anterior, decide mirar siempre al camino, no sea cosa de tropezarse. Resultado del hermano del medio: no se cae pero no llega a la meta porque se pierde por ahi. Finalmente el hermano menor decide hacer “the best of both worlds” y el tipo va mirando un poco adelante y un poco al camino. Conclusión? Termina jodido de la nuca y con tortícolis. No llega a la meta porque igual le dan problemas de salud.

Recuerdo que cuando llega la historia al hermano menor y uno anticipa “claro! El tipo aprendió de los dos anteriores, hizo un balance, bien el hermano menor!” y resulta que el pobre termina así, me agarré una gran chinche con Silvio Rodriguez y pensé yo “pero que nabo y que canción más estúpida!” . No podía pedir uno que le devolvieran la plata porque estábamos hablando de un compañero comunista y la cosa no se trataba del vil metal. Lo cierto es que me acuerdo haber sentido una gran desilusión. Uno esperaba una importante revelación y la historia terminaba así?

Pero, pasa el tiempo, y uno va en su propio camino viendo un poco para donde mirar, y ve a la gente que lo rodea hacer otro tanto. Y resulta ser que Silvio tenía razón. O sea, no importa cómo te plantees la vida harás alguna cosa bien, y en otras las vas a cagar. No hay una receta que te sirva para todo. La conclusión es que estamos jodidos. Claro que él, como vocero de la nueva tropa y poeta de la revolución lo dijo de forma más elegante. Que hacer una canción que dijera “lo mires como lo mires estas jodido” no tenía gran poesía y no hubiera vendido discos – de haberse tratado de un no-compañero capitalista con objetivo tal.

Así que uno de estos días mientras reflexionaba yo, me acordé del pobre Silvio y me pareció que debía hacer una disculpa pública. No era un nabo y sí había dicho una gran verdad, solo que en aquel momento no la entendí o no me gustó. Pero no hay receta que nos funcione siempre en la vida, y en definitiva haces lo que podes, y algunas las haces bien, y en muchas otras tantas la embarras.

Y en esa historia de que lo importante no es el puerto sino haber navegado, la verdad es que el barco siempre hace agua por algún lado. Por otra parte el viaje también tiene sus bondades y todo eso, que no es esta una reflexión depresiva de la vida, es una reflexión en tono objetivo nomas. Cómo, o porque, a pesar de esto la vida es bella y vale la pena y todo lo demás será material de otro post.

Monday, May 19, 2008

La piqueta fatal del progreso

Y no hay mejor forma de decirlo que esa. Algún día, años atrás alguien tenía un terrenito en algún lote al lado del Chicago Tribune, y odió ver crecer ese “monstruo” ahí, que hoy por hoy es un edificio emblemático de Chicago, mi edificio preferido, la imagen que tengo en mi ventana y que me recuerda que vivo en un sitio privilegiado. Algún día alguien vivía donde hoy esta Notre Dame. Seguramente alguien vivía al lado de tantos otros adefesios arquitectónicos, no tan bellos y emblemáticos como estos, pero con los mismos efectos para los anteriores pobladores del lugar.

El sábado decidí inaugurar la temporada de piscina. Era el primer día de sol con calor, se veía un día espectacular, no tenía que trabajar, en conclusión era un buen momento para comenzar el proyecto bronceado, objetivo de todo verano (no te preocupes mami, esta vez con más cuidadito que la última vez ;) y pasar la tarde leyendo, cosa que también me hacía ilusión ya que la pila de libros a leer crece más rápido de lo que la vengo procesando.

Me levanté a las 11 y con ilusión me depilé, armé mi bolsito con coca colas, aguas y novela y baje al P3. Pero no había sol. Por un momento no entendí, como era posible que se hubiera nublado en los pocos minutos que me había tomado bajar, que lo de los microclimas no podía ser para tanto. Quizá había nubes del otro lado del edificio que no había conseguido ver, pero no me parecía razonable, algo ahí no estaba bien… Salgo a la piscina y ahí veo por primera vez el efecto del monstruo que están construyendo al lado, maldito Trump!. El sol estaba atrás. La torre no está terminada aun, no tengo idea cuantos pisos van pero le debe faltar igual la tercera parte más para arriba. Hasta ahora lo había visto crecer sin mayor preocupación, o sea, un edificio más. Pero de ahora en más pasa a ser la-cosa-esa-gigante-que-estropeó-mi-piscina, y seguramente la vista y sol cotidiano de vaya uno a saber cuánta gente que vive del lado sur. Mirando hacia arriba no pude evitar pensar en ‘Fountains of Paradise’, la novela de Clark en que escribe sobre ascensores al espacio….



Ya que estaba ahí, me tiré al hot-tub un ratito pero a los 15 minutos me volví a casa, aquello ya no era un ambiente interesante para tirarse a leer. Ya no era lo mismo. Al llegar veo un email de mi madre, contando con pena como finalmente, después de varios años en que había sobrevivido el terreno vacio frente a la casa de Punta del Este, llegaron las palas mecánicas a tapar el monte y seguramente en el futuro no lejano hacer un edificio. No es que fuera un monte gigante, convengamos que era una cuadra que quedaba libre y había ahí los restos de lo que algún día habría sido un monte muy lindo y ahora era un espacio abandonado, pero verde al fin.

Un par de años atrás construyeron otro monstruito en el lado de atrás de la casa, donde ahora en vez de ver el cielo azul al mirar hacia arriba desde el jardín, se ve la inmensidad hormigonal del edificio – al que mi memoria no piensa honrar recordando su nombre -. En este caso ni el edificio que existe, ni el que harán, serán maravillas arquitectónicas dignas de mención. Simplemente la piqueta fatal de la especulación inmobiliaria.

Y así es la vida en realidad, lo que un día estaba ahí después ya no está más. A veces para bien (arquitectónicamente hablando) porque hay zonas en donde el desarrollo les viene bien, pero incluso aunque se haga con la mejor planificación y cabeza, siempre hay gente que se jode. Eso del bien común sobre el bien del individuo. O de lo que alguien en la oficina de turno evalúa como el bien común.

Solo que jode ser el individuo. Siempre habrá alguno al que le parece bien (ya sea porque su tierra se valoriza, hay fuente de trabajo, gana algún mango por aquí o para allá, cree que el edificio es lindo, o lo que fuera), pero siempre habemos quienes realmente no somos tan felices con la piqueta fatal del progreso de turno.

En algunos casos estará “bien” y en otros casos estará “mal” lo que están construyendo, y va entre comillas porque son opiniones subjetivas, con mayor o menor fundamento, con mayor o menor inclusión de argumentos que consideran a “todos”, al futuro, a la ecología, al planeta o a lo que sea. Pero cuando te toca joderte no tenés más que hacer que sentirte mufado con el progreso, triste por el monte que se pierde o el sol que no da más, y en definitiva sentirse un punto en un planeta, pequeño frente al sistema, al todo, a la masa y al “progreso”. Ese progreso que un día comenzó asfaltando la ruta 10 en la Barra y 10 años más tarde había transformado un balneario tranquilo y familiar en una especie de supermall gigante, urbanizando al monte donde juntabas piñas de niño y andabas a caballo. Probablemente quede solo el recuerdo en la mente de algunos, pero que se perderá incluso algún día. Pues sí, que verde que era mi valle… O que verde que era mi monte (y que ya nunca limpiamos para que jugaran los niños!!!! ;)

Sunday, May 18, 2008

Just Like Heaven

Llegar hasta el estadio nos tomó casi dos horas. Durante el día el objetivo era la coordinación de cómo llegar hasta el estadio. Somos tres – Lola, una amiga española, y Martha una chica uruguaya a quien había visto una vez hace un año y pico, amiga de un amigo - .La cosa nos costó llamadas varias, era la emoción. Martha me pregunta que como nos reconocemos, y es verdad que yo no me acuerdo de su cara… ‘Yo soy la que voy de camperita goth y uñas negras’, le digo. Es el baile de disfraces de cada día después de todo, y esto es el recital de The Cure, hay que ir ambientado. Después pienso que justo ese día, alguien con esas indicaciones es fácil de confundir, que seguro no soy la única de uñas y cazadora negras. Por lo cual aclaro, que lo mío es superficial, que no voy de labios negros ni nada de eso, no sea cosa que la chiquilina termine por ahí con vaya uno a saber quién.

La parada del metro en que íbamos a encontrarnos estaba en construcción, la línea azul nunca me ha dado una alegría en la vida. Finalmente y a pesar de todo llegamos a la parada del bus y nos reconocemos sin problema. Es fácil ver cuando alguien mira en busca de alguien que no esta del todo seguro quien es. La gente ya se acumulaba para tomar el 222 directo al estadio, había de todo, gente de todas las edades y estilos.

Si bien sabíamos que los tickets que teníamos eran en el sector más lejano del estadio, cuando llegamos a nuestro lugar no pudimos evitar reírnos, la cosa era prácticamente la última fila de asientos, en la última de las tribunas. Yo me había olvidado de los lentes así que el escenario era algo que más o menos me imaginaba que estaba bien. Decidimos ser fieles a la cultura que nos vio nacer y nos sentamos en la primera fila de nuestra tribuna, mientras comentábamos de que vacío que está abajo, mirá cuanto lugar, que desperdicio. Desde esos asientos ya la cosa se veía mejor claro, pero viendo tanto espacio libre… y a la entrada a nuestro sector ni nos habían pedido los tickets… así que yo propongo bajar y ver si logramos estar ahí en la cancha, donde en los conciertos en nuestros países se da el agite. Caras de duda, todas queremos bajar pero ninguna lidera. Y yo no es que sea líder nata pero si nadie toma el puesto, a lo mejor por sacrificada, allá voy. Así que les digo ‘chicas, nuestro asiento está en la sección 110, fila D, numero 3’, mentalícenlo. En la vida real estábamos en el 216, fila O. La última. Me siento como el gurí de “El Cliente”, o sea, esto lo vi en una película y por lo tanto se hace así. Yo todo lo que se de ingeniería social lo aprendí en Hackers II.

Monitoreamos las posibles puertas para entrar… resulta que ahí sí miran los tickets –claro, en nuestro sector no se cuela nadie por lo cual el guardia de seguridad es más un ‘greeter’ que otra cosa. El plan era “fila D, numero 3, el ticket lo tiene Paul que ahí nos espera, pero es que salimos a buscar una cerveza”. La cosa no es decirlo sin que nadie pregunte, solo creer que es verdad. Las miro y con mirada de allá vamos me largo hacia la puerta. Los guardias de seguridad hablaban entre ellos. Mientras el de mi lado comienza a levantar la cabeza como para pedirme el ticket yo lo miro, le sonrio, palmadita en el hombro mientras le digo permisooooo y me mando para adentro. Sigo para abajo como que aquí no ha pasado nada hasta llegar a la masa de gente en donde me doy vuelta para ver que paso con las demás. Martha venia atrás mío muerta de risa, me dice yo pasé atrás tuyo sin decir ni mú porque el hombre no llegó a reaccionar. Pero Lola ya lo miró a los ojos y no se creyó que Paul nos esperaba en la fila D y no entró. Lo cierto es que finalmente se animó por otra puerta. Y que finalmente vino un amigo de seguridad a pedirnos el ticket. Yo le digo al hombre que “que desperdicio tantos asientos vacios bla bla bla” y cuando finalmente me paro para irme el tipo me pregunta sorprendiendo “ah! Pero vos también sos de las coladas?!” jeje, se ve que Hackers II me ha enseñado bien. Vuelta al 216.

La ilusión de la cancha, olvidada. A todo esto sonaban los teloneros que no entendí su nombre pero eran muy buenos. Volvemos a nuestro estratégico punto desde el que podemos ver panoramicamente todo el estadio. La gente seguía llegando. The Cure se demoraba, ya eran como las 8:30 y la cosa no arrancaba pero al menos el estadio estaba ya casi lleno y si nos hubiéramos quedado abajo seguro que hubiera sido complicado saber dónde meternos, menos mal que tuvimos que subir (como dice el señor de Stumbling on Happiness). Lo bueno de la fila O es que atrás esta el balconcito, con lo cual yo me digo que es imposible mirar el concierto sentados comiendo pop-corn como parece hacer todo personaje de este país, ya sea que mire una película, algo de deportes o a The Cure. Así que me posiciono en la barra, yo la vergüenza de esas cosas la perdí hace mucho, puedo ser la única que baila ahí, pero sentada no me quedo.

El concierto duró casi 3 horas. Tocaron todos los temas que uno podía imaginarse y más. Luces e imágenes impresionantes (al menos a esa distancia!). En la barra donde estábamos se armó fiesta, al principio estaba yo ahí sola bailando. Cuando ya empezó a sonar Pictures of You Lola se unió también, que después de todo está oscuro y todo el mundo mira hacia adelante, nadie nos ve, o sea, vergüenza de qué? Luego vino una spring-breaker (dícese de americana en sus últimos teens o jóvenes 20, que se cree una liberada, toma un poco de alcohol y que no te vea tu padre m’ijita!) que con la excusa de que le daba no-se-que de que estuviera yo bailando ahí sola vino a hacerme apoyo moral o a vivir su sueño de ser go-go en una disco de baja reputación ;). Al rato y no sé de donde nuestro rincón se iba llenando de gente. Ahora, todos ellos unos personajes…. Uno quizá debería pensar eso de dime donde andas y te diré quién eres, quizá uno es un personaje también de algún modo ;) –. Al rato incluso cayó la policía a circular por ahí, que generalmente la gente que está en el fondo igual algo tendrá que ocultar parece ;) – pero por suerte todo en orden y ningún problema.

Nosotras seguimos bailando, los amigos de The Cure no habían estudiado el tema de la curva del fogón así que después que arrancaron con la seguidilla de hits la cosa no paró. Yo pensaba, en el entretiempo me voy a tomar algo que voy a deshidratarme! Y los pies me van a reventar… pero los amigos, que igual andan ya por sus 50, no pararon y no hubo entretiempo y nosotras no íbamos a ser menos. Lola sostenía que en algunos de los bises habían venido los The Cure II, y que en definitiva los verdaderos estaban en camilla por allá atrás. Yo suscribo a la teoría de los clones.

Lo cierto es que estuvo espectacular. Terminamos con Boys don’t cry y Killing an Arab. Buenísimo. Sin palabras. A la fiesta ‘After the Cure Party’ ya no llegamos. Habíamos salido a las 5 hacia el concierto y eran casi las 12:00 cuando estábamos llegando a la parada del metro desde la que seguíamos en taxi a nuestras respectivas casas. Yo no podía caminar un paso ya, bailar menos. Un bol de agua caliente para los pies y un canelón en el acolchado fueron una llamada más poderosa que cualquier otra alternativa. La noche ya había rendido lo suyo, ahora con la alegría de unos de esos conciertos que vas a recordar, lo único que importaba era irse a dormir prontito.. ah! Y comer algo! Que en la emoción del día solo había atinado a comer un pancho en el estadio!

Friday, May 16, 2008

Qué hace una chica como tu, en un lugar como este?

Desde que entré me pareció que algo me faltaba. La primera impresión fue que era demasiado blanca, como en cierta forma era de esperar, pero me dije a mi misma que poco importaban las cualificaciones innatas para el asunto yo también podía tener mi swing, mi mojo, o lo que fuera. Que ya lo dijo Obama cuando le preguntaron si podían considerar a Clinton como un negro: ‘I have to see if he can move like a brother’. Entro al salón, piso de madera y espejos alrededor, ahi me encuentro a Coco y Leroy – si no sabes quienes son Coco y Leroy es que sos demasiado jóven para esto y/o te falta un poco de cultura televisiva pop de los 80 -. O sea, éramos Coco, Leroy y yo. Ellos no sólo tenían una ventaja natural, además claramente la habían desarrollado. Coco resultó ser la profesora. Leroy practicaba frente al espejo una complicada serie de pasos y saltos… yo pensé para mí misma que seguramente podía conseguir un refound, después de todo la página web decía ‘no experience required’.

Por suerte al rato caen otras alumnas, un par de chinas que no parecen ya sacadas de algún capítulo de Fama. Yo que en todo sitio me imagino quien es quien y cual es su vida, me dije que al igual que en la serie, Leroy era el noviete de Coco y si bien era bailarín profesional seguramente estaba allí para compartir un rato juntos, darle apoyo moral, lo que fuera, pero claramente la clase no iba a ser para enseñarle nada a él. Nos tranquilizamos. Tu puedes! Pensé para mis adentros.

Comienza la clase, cada uno encuentre su sitio. La fama cuesta, y ahí es donde empezamos a pagarla con sudor. Coco dice “hello everybody” y acto seguido al piso a hacer abdominales, moviendo hombros y aplaudiendo. Vamos a analizar esto desde el principio: para mí este tema de las abdominales, como otras cosas, requiere cierto preambulo. O poniéndolo de otro modo, que el blog lo leen los padres, la profesora debería haber dicho que algo subir tejado. O sea, hacer abdominales requiere cierta preparación mental, cierta disposición al sufrimiento que sólo se logra cuando uno está psicológicamente preparado. Como es eso de tirate al piso y hace abdominales??. Y mucho menos aplaudiendo! Bien le iba a decir yo a la profe que por favor me aplauda a mí para darme ánimo. Y que por favor no espere eso de que encima me crea yo que estoy bailando y logre hacer algo en 4 tiempos mientras mi espalda se separa del piso y mi cuerpo recuerda que existía un músculo abdominal.

Pero por suerte Coco recordó que era una clase de hip-hop así que lo de las abdominales no duró mucho. De todas formas ya en el primer estiramiento yo sospechaba que algo allí no estaba bien. Por suerte nos ponemos de pié y hacemos unos ejercicios de piecito, ahora me siento mejor y la vida me sonríe, el piecito lo controlamos bien, hasta le puedo poner ritmo y todo. Debería haber hecho tap dance, pensé ahí mismo.

Al rato me convencí que en realidad el mundo se había complotado y me habían pasado gato por liebre, que aquello era una clase de gimnasia aeróbica disfrazada de clase de baile. Al igual que en mis tiempos mozos cuando intentaba con el gimnasio, me volví a encontrar en un sitio con un grupo de chicas esbeltas y espigadas con muchas horas de steps en sus haberes y que parece que han ensayado la rutina juntas toda la vida. La clase se mueve rítmicamente hacia la derecha, mientras se escucha ‘no nena, tu otra derecha’. Cuando la clase mueve el brazo hacia atrás, la pierna va hacia adelante, giro, twist, voltereta y sonreir mirando al frente, yo iba pensando elaborar ahí la idea de que mi cerebro tenía los dos hemisferios unidos y que mi cuerpo funciona como un todo, hacia donde va la pierna va el brazo, todo combinado funcionando con un mismo objetivo y dirección. Pero mientras Coco sacudía cabeza, caderas y brazos haciendo la ola, me pareció que no era una buena oportunidad para explicarle mi teoría que explicaba mi falta de coordinación.

Vamos a entendernos, yo personalmente creo que no bailo taaaan mal, vos lo habrás visto y tendrás tu propia opinón al respecto, pero en mi mente si bien los bailes estructurados y con series claras no me salen, el hip-hop me parecía una de esas cosas así medio caóticas de baile que uno podía controlar. Cuando digo que no bailo tan mal me refiero a que para un bar está bien, es de noche y todos los gatos son pardos, no hay luces ni espejos, el espacio es reducido y podes decir que no haces “plie, plie, pas de bourree” porque no hay lugar. Lo que seguro es que lo mío es ‘dejarlo ser’ y que si intentamos encasillarlo y tratar de repetir pasos con algún formato X ya imposible. Me estresa bailar con alguien, porque nunca voy para el lado que el otro espera que yo vaya. Cuando arrancan a tocar esos ritmos donde necesariamente el chico más cercano extiende la mano para hacer un bailoteo en conjunto yo voy a por mi cubata… eso de “seguime” o “dejate llevar” para mí no existe. Siempre fui rebelde sin causa, o carne de diván, pero cuando estoy solita yo sin que nadie me restrinja para que lado tengo que mover el pie, de vuelta creo que no lo hago tan mal y me divierte.

Ahora que pienso quizá hubiera entendido mejor para donde había que moverse o hacer el giro si no estuviera yo pensando en estas cosas, a la vez que intentaba recordar “derecha, izquierda, uno, dos, tres, clap!”. Un poco como Felipe en eso de “debo prestar atención”. Lo cierto es que durante la clase, de bailar no hablamos, aquello fue un poco “do the robot” (luego de que le había caído un poco de agua y electrocutado algún circuito).

Pero en algún lado de mi mente, algún cable quedó atravesado y en general mis papelones me resultan divertidos y no me detienen. Llegue a casa y practique algunos de los pasos frente al espejo, ahora a mi ritmo y a mi gusto y me dije “porque no?”. Lamentablemente no se nace sabiendo y aprender Kung Fu es fácil solo para Neo, el resto de los mortales tenemos que ir de a poco, así que le vamos a dar otra oportunidad. Lo que si igual me apersonaré 15 minutos tarde, cosa que la sesión de abdominales haya pasado. Que habrá formas y motivos más importantes para sufrir, los que se pueden evitar se evitan!

Y como premio al esfuerzo, porque creo que me lo merezco (como las cosas de Preference de Loreal) me hice una pasta con camarones de rechupete y me apoltroné a mirar unas pelis que finalmente empiezo a aflojar después de casi ya tres semanas de locura. Hoy noche tranquila que mañana voy a ver a The Cure, en vivo y en directo. Casi una experiencia religiosa. Ya les contaré.

Friday, April 25, 2008

De calambures

Una noche de estas, mientras comíamos la picadita de turno, en el iTunes iban sonando cosas al azar – como a mí me gusta – y por ahí salen varios temas de grupos uruguayos, lo cual sacó el tema del pasado y presente del rock uruguayo – o la música uruguaya en general. Del intercambio se aprenden cosa nuevas, y está bueno que te cuenten de lo que está sonando por allá y sobre cosas que uno se perdió porque no estaba, o porque ni se enteró. Así que mientras hablamos de esto y aquello, Ale me recomienda este o aquel grupo y en algún momento de la charla era necesario detenerse en el Cuarteto.

Cuando sale este tema yo siempre digo que, si bien me gustan mucho sus discos y su música, para mi los tipos son unos genios del lenguaje y que entre las cosas más brillantes que han hecho estan el sketch de “Elsa lame el salame” y la aplicación de la emie. La emie es el equivalente a la eñe, que la eme tiene tanto derecho a tener sombrerito en algunos casos como la ene. El sketch y material didáctico era brillante… lo vi cuando estaba por 5º o 6º de liceo y aun me acuerdo. Lo de “Elsa lame el salame” es mas reciente e igualmente desopilante. Para los que no lo conocen esto era un sketch en donde los tipos cuentan historias que terminan en una frase de este tipo por ejemplo diálogo entre un dentista y su asistente Beatriz, mientras el atiende a Sebastian y Beatriz se retira: “Vea Bea: Seba se babea. Se va Bea?” (o algo asi!! :)

Ahí Ale me cuenta que existe un libro: “Yo a este lo ablando hablando”. Yo flipo de alegría y salgo inmediatamente a mirar en Amazón a ver si puedo comprarlo, pero como tanta cosa uruguaya por más que sea fantástica no sale al mundo, algo así como el Tanat.. Mientras busco información sobre el libro, encuentro que hay un montón de gente que se dedicó a este tema y que la cosa viene desde los inicios de la literatura española cuando Quevedo le dijo a alguna reina: “Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja”. Parte del genio del asunto es que su majestad era medio renga nomas. La cosa tiene nombre y se llama “Calambur” (al hecho de cambiar el significado de las palabras reagrupando silabas o que se yo).

En estos momentos es que extraño a la gente con quien uno puede sentarse a elaborar historias sobre como “i beat the but of the bat with the bat” o como “la blanca vaca hacia la cancha camina, mira hacia atrás, salta la valla, pasa la raya…” y cuestiones del estilo que dan, aunque Ud no lo crea, para horas de entretenimiento. Pero mi creatividad claramente necesita contrapartes para elaborar estas cosas por lo cual se me complica calamburear... a Tololo!

Los amigos de mis amigos...

Resulta que los privilegiados estudiantes de arquitectura, al sexto año de carrera o por ahi, se mandan un viaje alrededor del mundo. Hoy por hoy la cosa dura 7 meses, antes era más tiempo pero la crisis llega hasta las más sagradas instituciones. Hace muchos años atrás, cuando yo estudiaba arquitectura, el tema del viaje no me hacía tanta ilusión, en aquel entonces no había descubierto yo el placer de viajar, el tema de las rifas me estresaba más que lo que veía en aquel entonces como el beneficio de viajar… y después se dice que la gente no cambia!

Lo cierto es que no hice yo mi viaje de arquitecta – tampoco fui arquitecta ;) aunque le dediqué unos años – pero confieso que me gustó formar parte de el viaje de otros. Hacer de “hospitalaria” en el camino, algo así como el camino de Santiago pero más en grande. Esta semana estuvieron por acá Ale y Bibi – nótese que para los viajeros usamos el verdadero nombre nomás, los posts sobre historias de acá van siempre de seudónimos. Si bien me habían contactado estudiantes randómicos vía couch-surfing, en este caso la casa estaba reservada ya desde hacía tiempo para ellos. Y es que a Ale lo conozco de toda la vida y a la vez no tanto, es uno de los mejores amigos de mi hermano menor. Lo cierto es que fue súper cómico intercambiar historias familiares con alguien que las conoce todas pero con otra luz. Ahí es que te das cuenta que es verdad eso de que los amigos de mis amigos son mis amigos. Intercambiamos historias, rellenamos huecos de historias que uno u otro no conocía. (Lo más divertido fue la historia del control remoto, que yo no la sabía!!! Pero no la puedo detallar acá porque tendría que usar pseudónimos ;);)

Que quede aquí documentado, que estos chicos no solo han heredado la mano con las galletas, se mandaron un pastel de jamon y choclo con masa hojaldrada hecha a manito, una torta de manzana riquísima, en fin, que comimos muy bien! Yo intenté hacer lo mío con los tradicionales capelettis a la carusso. Como siempre la buena comida tiene que acompañar a la buena compañía. :)

El miércoles fuimos a escuchar blues a un bar supuestamente famoso por su música y ambiente, pero coincidimos con 200 estudiantes que se graduaban y aquello fue bastante caos. Había que hacer cola hasta para irse y escuchabas la música con un bullicio de fondo demasiado alto para mi gusto. Un tanto de malhumor porque yo quería llevar a los chicos a algún sitio tranqui donde el highlight fuera la música y por eso no fuimos al House of Blues. Pero bueno, al menos la primera banda era realmente buena, y le dimos chance a la cocina de mi casa de no sorprenderse de tanto uso todo junto.

Lo lindo de esto de albergar gente es que uno siempre aprende cosas nuevas. Uno pone la casa nomas, pero siempre te queda algo que es mucho más valioso para mí que es conocer cosas nuevas. Ya sea un grupo de música, algún sitio al que agregar en la lista de cosas que visitar en la vida, algún sitio que descubrirte mientras explorabas la ciudad con ellos, lo que sea, pero siempre te queda algo. Y después uno puede tener más chance con sus hermanos en eso de la “experiencia de vida” (y es que a veces los hermanos, o la familia, habla de temas muy extraños como bien notó un hombre en un restaurant años atras).

Lo cierto es que gracias a las últimas dos visitas estoy siendo re-introducida al mundo del comic a pasos agigantados. Clase intensiva arrancando por Maus y ahora From Hell que me dejaron los chicos, tomando la posta que arranco el Chapa. Esto me hizo acordar a que en realidad en casa leímos todos los clásicos de la literatura en formato comic gracias a las maravillosas Joyas Literarias Juveniles. Igual es verdad eso de que siempre se vuelve al primer amor. Con esto de mi renovada confianza en la sabiduría popular ahora le tengo más fe a eso de que 20 años no es nada o que la vida empieza a los 40.

Monday, April 21, 2008

Chapatin viaja

Este fin de semana estuvo por acá el Chapa, un nuevo amigo, un incipiente amigo – como dice él- viajero, escritor, de ideas e idealista, soñador o de mil proyectos según como se vea.

El finde arrancó el jueves por la noche, cenando uno de los restaurantes más tops de Chicago – en el estricto sentido del término porque era en el piso 96 de la Hancock Tower – sitio semi-exclusivo al que accedimos gracias a años y años de evolución de nuestras habilidades culturales – acá me incluyo en el “nuestras” por rioplatense, las habilidades del caso eran del Chapa y su amiga Graciela - que lograron que nos dieran a las 9:30 una mesa a pesar de no tener reservación, incluso la misma tenía un poquitín de vista. Más tarde la cosa se transformó gracias a Jesús – nuevamente en el estricto sentido del término ya que así se llamaba el camarero que nos dio la buena nueva – en una fantástica mesa al lado de una ventana, con una vista sin duda privilegiada. La cena estuvo muy divertida, sentados en un entorno de gran nivel, mientras celebrábamos inexistentes cumpleaños y diseñábamos proyectos de desarrollo turístico para Colonia, en base al único capital del proyecto que era un Ombú. De allí me acompañaron a casa mientras los tres – sin hacer diferencias de edades que entre los 3 cubriamos un cierto rango... – jugábamos con las esculturas arquitectónicas que decoran la Magnificent Mile que están diseñadas para reaccionar al viento, y a falta de viento bien estábamos nosotros trepados a las rejas para generar la energía eólica o motora que el viento no proveía.

Chapatín es un couch-surfer argentino, de Buenos Aires más concretamente, que estaba de paso por Chicago previa pasada por Nueva York y de camino a Barcelona, quien pudiera! El viernes se mudó a casa y realmente no puedo decir que me sentí “como en casa” porque ya estaba ;) así que reformulando la idea puedo decir que fue como tener un amigo en casa y no un desconocido. Y es que como dice Tom Waits todos arrancamos desconocidos hasta que nos conocemos ;). Esto puede sonar muy obvio así dicho pero en realidad en la vida parece no serlo tanto. El fin de semana fue como un continuo de charla, café, música, y caminatas por los barrios chicaguenses. El viernes parada obligada por Dannys – el garito en donde termina siempre la barra, sea cual sea el plan, es como si fuera Roma y por algún motivo todos los caminos conducen a Dannys.

Entre estas vueltas el sábado por la tarde estamos por Belmont – calle que siempre da para historias, centro de cruce de las tribus urbanas – y al bajarnos del taxi un hombre parado en la esquina se me manda uno de estos gritos del cual Robin Williams estaría orgulloso en su rol de inspirador de los Poetas Muertos. Resulta ser que allí, en esa esquina cualquiera, estaba Wesley dando su big Yaulp! al mundo. La gente alrededor sonreía divertida, y uno no podía más que preguntarse qué le había pasado al hombre. Y son de esas cosas que sabes instantáneamente que ambos pensamos lo mismo, hay que preguntarle a este tipo porque grita. La respuesta de Wesley es adivinable, grita porque está cansado de que nadie lo oiga, tuvo una visión, intentó comunicarla, y nadie lo escuchó. Y… bueno… hubo que preguntar… a Wesley se le había ido un poco la chaveta creo yo, pero nosotros aun así lo escuchamos ;). El hombre aparentemente tenía poderes, así que nos preguntó cual era nuestro idioma original, yo le dije español y el Chapa per codere le dijo Italiano. Wesley nos mira con profundos ojos azules y nos dice que cuando él nos hable lo vamos a entender cada uno en su idioma. Segundos de expectativa – yo a esa altura quería tener una visión también y experimentar algún momento místico con Wesley – pero el hombre habla en inglés y nos cuenta algo así como que Jesús le había dado un mensaje. Yo no quería decirle a Wesley que para mi él hablaba en inglés porque el hombre estaba totalmente convencido de su rol de mesías y que manejaba todas las lenguas existentes. Parte de lo que Jesús le había dicho de que él hacia mal en la vida y que parece que está mal era ver más de 10 minutos de tele por día. A mí personalmente me parecería un despropósito ver menos porque en 10 minutos no te da para ver mucho más que los títulos, quienes son los actores y el director y quedar un poco intrigado. Se me planteo que quizá la idea era hacer una especie de distribución del tiempo, entonces a la semana tenías 70 minutos en donde al menos te daba para ver un par de capítulos de Lost si los miras sin avisos ni nada. Aun así me pareció que como mensaje de Jesús sería un tanto tergiversado darlo en minutos por día si lo que quería lograr era un numero semanal. Pero claro, como se dice por ahí, dios a veces trabaja en formas misteriosas.

Dejamos atrás a Wesley contentisimo de que alguien lo había esuchado y el nos prometió que tendriamos nosotros nuestra propia visión - aunque despiertos porque parece que antes de los 40 las visiones son despiertos y despues solo durmiendo - y nos fuimos a tomar el “mejor café de Chicago” – según los clientes, que si lo dice el chico de atrás del mostrador la cosa no convence tanto. El café se llamaba Intelligensia y quizá en referencia al nombre el sitio estaba repleto de gente con computadoras y libros ocupando los sillones y mesas grupales del sitio, ahi nos sentamos con algunos estudiantes universitarios mientras el Chapa dibujaba en su cuaderno la explicación de su proyecto para revolucionar la enseñanza de la psicología en su universidad. Yo creo que la gente tendría que hacer siempre esas ideas y proyectos que le nacen por amor a lo que hacen, por cuestionar y cuestionarse, porque es verdad que a veces lo único que hace falta para cambiar ciertas estructuras es alguien que patee la pelota. La noche anterior yo había elegido cenar tapas – eso de que a veces uno no va más allá del momento y llevas a alguien que se va a Barcelona en 2 días a un bar de tapas! La excusa es que el sitio original estaba lleno y hubo que elegir una alternativa rápido que estaba lloviznando. Al día siguiente con más tiempo pintó restaurant Japonés donde tenían el helado de mango más rico del mundo, que se parecía al helado de durazno que hacía mamá! (esta frase hay que leerla con la correcta entonación y las “emes” de mamá se supone son extra fuertes). La camarera hubiera apelado a su nombre y pedido Socorro si en este país no fueran todos tan formales y políticamente correctos, el Chapa estaba decidido a usar de ejemplo a todos los camareros de los sitios a que íbamos como refutación de mi afirmación de que en este país la gente se casaba muy joven y que al salir de la facultad (o sea a los 22) ya estaban todos bordeando el altar. Así que el hombre indagaba la vida romántica de todos a ver si lograba rechazar la hipótesis.

A la noche del sábado las opciones de fiestas eran variadas, estaba la fiesta en la casa del fulano de turno – que en este caso era una mega fiesta de cantidad de gente que se contaba en 3 cifras – y una “Dark Wave Disco Party” en Sonoteque - uno de los boliches que a mí me gustan, del cual podrían decir que se inspiraron en una Mac para hacer el diseño del sitio -. Lo cierto es que luego de cena, vino y caminatas no pintó fiesta y en cambio terminamos mirando Blade Runner en casa, su “película favorita de todos los tiempos” y de más está decir una de las mias.

El domingo temprano Chapatín siguió viajando ya camino a la madre patria. Acá me quedó un montón de música, Maus y la alegría de cruzarse en la vida con gente linda, incipientes amigos y la seguridad de que en definitiva volveremos a vernos ya que estamos cruzando el charco – el charco que sea.